El barco de la calle Bolsería número 36 de Valencia
El barco de la calle Bolsería número 36 de Valencia
¿Conocéis esta joya del arte popular medieval? Se trata del grafiti histórico de la calle Bolsería número 36, bautizado como el «barco del pequeño Juan».
Se trata de una representación de una coca valenciana, una embarcación típica del mediterráneo durante los siglos XIV y XV, pintada en rojo almagra sobre la superficie de una pared medianera. Lo curioso es que este barco no está solo; lleva en su proa a un ángel con una trompeta y que iría acompañado, seguramente, de más escenas de las que sólo se aprecian trazos y que ya han desaparecido después de tantos años.
El barco del pequeño Juan es un nombre con mucha fuerza, pero es un nombre moderno y afectuoso. Y este nombre se lo debemos a su descubridor, Juan, propietario de la antigua Casa Insa (hoy Innsa Hostel) junto a su mujer Teresa.
Juan fue precisamente quien dio la voz de alarma sobre la existencia de esta pintura. Al ser él quien lo «apadrinó» visualmente, se le empezó a llamar así. Y, por cierto, Juan no tiene nada de pequeño, es bastante alto. Pero como al principio se pensaba, o más bien se imaginaba, que podría ser la decoración de la habitación de un niño, de ahí surgió lo de “pequeño”.
El grafiti, es complicado de ver porque desde hace unos años está escondido entre una maraña de grandes tirantes de hierro, colocados tras el derrumbe parcial de los edificios laterales en febrero de 2019.
El grafiti en sí, el barco, está realizado con la técnica del rojo almagra, un pigmento de óxido de hierro muy resistente y muy común en el Mediterráneo que podemos verlo en otras pinturas como las que hay en el interior del Portal de Quart o en los barcos del Castillo de Alaquàs, entre otros.
Lo que vemos es una coca, que era el gran barco, el buque insignia, del comercio marítimo valenciano durante nuestro Siglo de Oro. Es un barco redondeado, de carga. A diferencia de las galeras (que eran largas y finas para la velocidad), la coca era «panzuda». Su casco era ancho y profundo, lo que le permitía llevar grandes cantidades de mercancía (lana, especias, trigo).
En el grafiti se aprecian unas estructuras elevadas en los extremos. Eran los «castillos» de combate. Desde ahí, los marineros se defendían de los piratas o atacaban otros barcos. Originalmente, las cocas tenían un solo mástil muy robusto en el centro, que aquí se ve perfectamente pintado. El barco utilizaba una gran vela de forma cuadrada (o rectangular). Y es que esta vela era ideal para aprovechar los vientos de popa (que vienen de atrás) y así poder cruzar el Mediterráneo con cargamentos pesados.
Pero lo que rompe todos los esquemas es la figura de la proa: un ángel alado que sopla una trompeta. Y aquí entramos en el terreno de la interpretación. Por un lado, podría ser una representación de «La Fama». En el siglo XV, la fama y el éxito comercial eran vitales. El ángel anunciaría con su trompeta la llegada de las mercancías y el éxito del mercader.

Es un símbolo que podemos ver en nuestra ciudad en el Colegio del Arte Mayor de la Seda o en la fachada del Palacio del Marqués de Dos Aguas, el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí.
En la iconografía cristiana, el ángel con la trompeta es el heraldo del Juicio Final. Si aplicamos esto al barco, podríamos estar ante una metáfora del «tránsito» del alma. El barco no navega por el Mediterráneo, sino que lleva al difunto hacia la otra vida. Está guiando su alma. Y aquí es importante recordar que esta casa estaba pegada, pared con pared, al antiguo y desaparecido Convento de la Puridad y de San Jaime.
El Convento de la Puridad y San Jaime era una de las instituciones más importantes de Valencia desde el siglo XIII. Ocupaba casi toda la manzana. Las casas de la calle Bolsería, donde vivían maestros artesanos y mercaderes, compartían muros con los huertos y dependencias de las monjas clarisas. Imaginaos el ambiente: el ruido de los talleres de los oficios que había aquí y, al otro lado del muro, el silencio, los rezos y los cánticos del convento.
Y podría haber sido pintado para una estancia privada. Por eso algunos expertos creen que el barco podía ser un exvoto o una pintura de protección doméstica. Una forma de decir: «que Dios guíe mi negocio» o «que este ángel proteja el sueño de los que viven aquí». Es una muestra de fe popular que ha sobrevivido de milagro y que es una auténtica joya.
¿Y cómo es posible pues que haya sobrevivido 500 años a la vista de todos? Esa es la clave. Durante siglos estuvo oculto. Cuando se reformaron las casas en los siglos XVIII o XIX, se cubrieron las paredes con capas de cal y pinturas azules, el famoso añil valenciano. El barco quedó «emparedado» y protegido de la luz. Fue solo cuando se derribó el edificio que ocupaba el solar, allá por el año 2003-2004, cuando el espacio quedó vacío que las capas de pintura azul empezaron a caerse, revelando el rojo almagra que había debajo y dándolo a conocer a finales del año 2014, hace casi doce años.
Pero ahora que está al descubierto, corre peligro. El grafiti ha pasado de estar protegido por una pared a estar a la intemperie. La lluvia, el sol directo y la contaminación están haciendo que el pigmento se desvanezca. De hecho, en diciembre de 2022, fue incluido en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra. Es un grito de auxilio que espero que los responsables de nuestro patrimonio escuchen y que el tan prometido proyecto para edificar en este solar y mantener así protegido este barco no tarde en hacerse realidad.
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